"Llegaba tarde de trabajar como casi siempre, porque solía quedarme a pensar un rato ,sentado frente a la costa del río. Mis impuestos al menos habían servido para algo práctico: adornar aquel paraje con plazas y bancos de cemento. En el pasado habían quedado esos altos y tenebrosos montes y matorrales en los que,cuando era niño, me internaba para facilitarme frutas silvestres o lombrices para carnada. Estuve esa noche, cerca de dos horas sentado ahí, sorbiendo una lata de jugo tibio y masticando con tesón una pieza de chipa fría y cuasi sólida. Cuando empezó a soplar ese viento frío desde las inquietas y negras aguas, decidí levantar campamento y volver a casa. Me cargué la mochila con todas mis herramientas al hombro y una bolsa con mercaderías, de las que me había aprovisionado al pasar por el supermercado chino que me quedaba de paso.
Estábamos a mediados de octubre y aunque el clima era caluroso,casi primaveral, por las noches la temperatura en la avenida costera descendía abruptamente y yo odiaba andar cargando abrigos.
Elegí otro camino al habitual,para volver. Esta vez no seguí la avenida sino que subí por una de las escalinatas laterales, bajo el puente aéreo; pronto me encontré caminando por una estrecha callejuela medio oscura. En un momento dado tropiezo y casi me vengo abajo con todas las cosas;de no ser porque tengo reflejos muy desarrollados, no habría podido evitarlo. No hace falta decir que lancé una andanada de imprecaciones al aire y sobre todo a la estúpida piedra que había causado el doloroso tropezón. Es más, dejando la bolsa en el suelo irregular, tomé la roca para lanzarla lo mas lejos posible con bronca, pero algo me detuvo; algo casi ridículo y absurdo. Porque me pareció que habia reconocido esa piedra. Ese pedazo de suelo, medio amarillento, con sus protuberancias, poros,grietas y tierra pegada. ¿Como alguien puede recordar una simple piedra y peor aún, creer que es una, antes vista? Incluso ¿ Cómo alguien podría diferenciar una piedra de otra? Imposible. Me reí como un tarado por haber tenido ese pensamiento descabellado,pero debido a un repentino sentimiento de misericordia, deposité la piedra en el suelo,en el mismo sitio donde se encontraba , y donde le dí de lleno con el dedo menor del pie derecho.
Apenas retomé la marcha, un agudo sonido me llegó a los oídos,aunque era apenas audible. No le concedí importancia, creyendo que se trataba de voces provenientes de las casas cercanas y continué, pero una vez más -esta vez con mas fuerza- el sonido me llegó. En esta ocasión lo pude distinguir con mayor claridad, se trataba de una voz humana ciertamente, pero imaginé que se dirigían a otra persona, así es que traté de seguir mi camino por segunda o tercera vez.
"¡A vos te hablo!"
Inconfundible. Era una voz y me hablaba a mí.No se veía a nadie mas en los alrededores de la callecita terrada.Miré en todas direcciones,pero nada. Paredes mal revocadas, postes torcidos, arboles de palta y mango, pero ni un alma.
"¡Acá! ¡Acá !"
La voz era clara y parecía proceder de mi propia cabeza. Sin embargo era una voz exterior,ajena a mí. Bajé la mirada hasta mis pies para concentrar toda mi capacidad sensorial solo en los oídos. Entonces lo pude ver.Sí,señores. Ahí estaba. El lomo rugoso, agrietado, con puntitos hundidos como una papa, con la tierra ensuciándole toda la cara; porque era todo cara, nada de cuerpo. Ni hablar de brazos,patas u otras extremidades. Así es. La piedra que me negara a arrojar, me observaba con unos ojos muy grandes para su tamaño, algo desproporcionados,aunque brillaban con esa ternura extorsiva que tienen los cachorritos.
"Hasta que al fin me notaste"-dijo sacudiéndose la tierrita de su cabeza. Del cuerpo entero,porque ya dije que era todo cabeza.
No me gusta extenderme en consideraciones al pie de página, descripciones detalladas y todo eso. Por supuesto que casi me muero de un infarto ante semejante suceso de lo mas sobrenatural. Cualquiera que de golpe se encuentre frente a una roca parlante, oscilaría entre el espanto y la demencia. Por alguna razón,yo me recompuse con rapidez. Por desconocidos motivos,ese cascote de enormes ojos como aceitunas negras, me transmitía algo familiar.
"No vas a dejarme acá para que otro se fracture el pie"- me dijo en su español neutro.
No dialogamos mucho en ese momento. Lo agarré con cuidado y lo metí en la bolsa del chino,sobre unas latas de arvejas y un corte vacuno. Mas tarde,en casa, se quejó largamente porque le había molestado el chirrido que hacía la lata al rozar con él/ella (no lo sabré nunca).
La piedra estuvo conmigo mucho tiempo. Hablábamos de todo un poco. Puede sonar como la crónica de un desvariado que duerme en una habitación con barrotes dentro de una institución mental,pero es la pura verdad. Lo puse a dormir sobre una almohada junto a mi cama, pero mas tardé descubrí, que prefería pasar las noches en la cajita del gato. En fin.
Comíamos juntos.Nah... Yo comía y el comentaba sobre las noticias que pasaban por la tele. Cuando venía algún invitado a casa,se incomodaba un poco. Yo le obligaba a quedarse quietecito sobre un modular, haciéndose pasar por un adorno. Eso le molestaba mucho. Yo le explicaba que no todo el mundo se iba a tomar de forma tan natural su existencia. Incluso yo dudaba de mi equilibrio mental al asumir que su presencia en este universo era algo posible.
Le gustaba el fútbol, las películas románticas, los audiolibros (porque no podía hojear las páginas de un libro en formato físico) y la música punk. Muchas tardes nos la pasabamos al ritmo de Ataque 77, Ska-P, N &SK, 10 Rue d`la Madelaine y otras bandas que estaban en mi lista de reproducción, acompañados de cerveza fría y una picada.
Tras varios años de profunda amistad,algo vino a meter un nuevo factor en esa ecuación que era mi vida. Conocí a Melisa,una hermosa morochita, estudiante de Arte. Melisa pintaba y le gustaba mucho la artesanía;dedicaba muchas tardes a decorar y hacer vasijas, columnas de jardín, jarras y otros ornamentos preciosos.Yo no tardé demasiado en enamorarme . De sus ojos negros,pequeños, su boca que nunca llevaba rouge,de un rosa natural; de sus cabellos cortos y rebeldes. Podía hablar de lo que fuera con ella, todo la entusiasmaba y era capaz de hacer,de la idea mas simple, una extensa y fascinante reflexión. Pasó a ser una relación de amor,pero basada en la admiración mutua,aunque no entendía qué admiraba, ella de mí. No se lo pregunté demasiadas veces por miedo a que se diera cuenta que yo era quien mas salia ganando.
Una de esas tardes inspiradas,a Melisa se le ocurrió una idea para sorprenderme. Yo lo descubrí recién al llegar del trabajo. Me llevó de la mano hasta el pequeño tallercito que construimos en el fondo de casa. Sobre la mesa de tablones y caballetes estaba,reluciente, la piedra. El/ella, pintada de muchos colores; tenia unos bonitos dibujos tribales, lineas rectas,círculos y soles, o acaso flores . Ella sabía que a mi me gustaba esa piedra por alguna razón extraña y quiso darme un regalo para conmemorar nuestro sexto mes de convivencia.
No consulté con la piedra para saber su opinión.Fue un error. Quizás debí contarle el secreto a Melisa y mostrarle. Pero temía que la piedra se negara a hablar y ella me dejara por considerarme loco.
Fue un error desde el principio no haber aclarado las cosas.
Al día siguiente, muy temprano, un ruido seco me despertó. Tanteé la cama,a mi lado y Melisa no estaba. Se levantada siempre antes que yo y preparaba el desayuno, entonces me pareció normal. Me acomodé en la almohada y volví a escuchar ese golpe seco. Como una maza contra una pared maciza. Me levanté con desgano y caminé hasta el baño.
El espanto de la escena aún hoy me revuelve el estomago.
Melisa yacía boca abajo junto a la pileta, una mancha roja como una flor se hinchaba en el agua que chorreaba de la canilla. Y junto a ella, la roca. Los ojos enormes negros ya no brillaban. Eran de un tono mate,apagado,sin vida.
"No había lugar en esta casa para otra piedra"-Me dijo con un tono siniestro.
Enloquecido de furia,lo arrojé contra la pared. Algunos fragmentos,como esquirlas saltaron,pero no se quebró. Iba a correr a buscar algo para destrozarla definitivamente: un martillo, una pata de cabra,una garrafa. No sabía. Pero Melisa me detuvo con un hilo de voz. Estaba aun con vida. ¡Que suerte!¡Gracias,Dios mio!
"Yo la vi y la oí" -balbuceó
"Tiene razón..."-agregó
Era la tardecita de un 12 de julio. El frío punzonaba el aire. Junto al río se podía sentir todavía mas. Y ahí estaba yo. Sentado en un banco de cemento,con la capucha del abrigo tapándome los ojos y la bufanda hasta la nariz.
"Lo habías notado desde el principio ¿no?"
"Así es"
"Pero no quisiste creer que fuera verdad"
"Así es"
"Bueno. Puedes estar tranquilo sabiendo que no sos el único"
Me volteé a mirarlo/a. La piedra me observaba con sus antiguos ojos enormes brillantes.
"Así es que, ¿no era esa la primea vez que tropezaba con vos?"-Interrogué con cierta incredulidad fingida.
"Efectivamente. Toda tu vida. A los 8 años. Cuando estabas en tercero de secundaria. Cuando conociste a tu primer novia. Te perdías con el tiempo, pero te buscaba. No es fácil para una piedra. Pero siempre conseguía estar en tu camino y vos hacías el resto"
"O sea que estuve tropezando toda mi vida con la misma piedra.Qué cómico."
"El refrán tiene algo de verdad. En parte"
"¿Ah.si?"
"Sí. ahora ya elegiste. ¿Cierto?"
"Cierto. Voy a cambiar de piedra. Me cansé de tropezar siempre con la misma. Nada me asegura que vaya a ser mejor o que me arrepienta en el futuro. Tal vez me duela mas que un dedo chico al tropezar, pero quiero,necesito probar."
"¿El cambio?"
"Así es."
"Me alegro. Acá termina un ciclo. uno tuyo y uno mio.Por fin. A eso estábamos destinados"
"Me alegro mucho"
Era ya de noche cuando abandoné el banco frío a la vera del río. Nadie escuchó. La avenida se encontraba desolada . Una desolación apacible que me entibió el corazón. Y entre el chapoteo del oleaje contra las canoas amarradas,nadie oyó. La piedra se hundió en el fondo negro, con un grito de adiós,ahogado."


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