" En mi barrio, en tiempos de mi infancia, cuando hacíamos la ronda para reunir el dinero con la finalidad de comprar el refrigero después de un partidito de fútbol, yo era el que siempre aportaba la menor cantidad de efectivo, ya que mis hermanos mayores absorbían la mayor parte de los ingresos de mis modestos padres. Cada vez que me tocaba depositar la guita en el fondo de la gorra con visera repleta de billetes de 50 y 100 Australes, dejaba caer con aire compungido, unas moneditas de ñandú y puma.
Al toque, como un ritual infaltable, se escuchaba la voz chillona del gordo Rogelio:
Al toque, como un ritual infaltable, se escuchaba la voz chillona del gordo Rogelio:
¡Acá no aceptamos plata de chipero"- una frase despectiva que se perpetuó por años en nuestras juntadas.
Cierta noche hace dos semanas, me topé con una solicitud de amistad en facebook y con gran sorpresa para mí, veo en la foto de perfil al gordo Rogelio (ahora Rogelio Ignacio Lopez ). Me pongo a pispear entre sus albums de fotos -cosa de nunca- y noto con cierta insana envidia que le estaba yendo muy bien en la vida. Ahí estaba la foto de su casa con jardín, tejado azul y balconcito con puertas corredizas de tres hojas. En otra foto está él con su mujer y su hija, ambas muy lindas, la verdad. A esta altura ya estaba apurándome una medida de tequila que mágicamente había aparecido entre mis dedos. Mas fotos del gordo Rogelio (perdón, Rogelio Ignacio Lopez); en una playa de Copacabana tomando piña colada; en una pasarela de las Cataratas del Iguazú en humillante selfie; otra foto en una cabaña desde donde se ve la nieve a través de una ventana enorme. Cuando mi indignación -fruto de una malsana alteración y una terapia interrumpida- alcanzaba su punto mas alto, veo parpadear -en azul chillón- la ventana de chat. ¡El gordo Rogelio me estaba escribiendo!
Aspirando hondo, tragando el resto de tequila en el vaso, junto coraje y respondo a su saludo.
La charla fue de lo más cortés, rememorando con fingida alegría, pasajes de nuestra infancia en Villa Urquiza; recuerdos que se me antojaban insufribles. Después de unos veinte minutos de palabras que iban y venían sin piedad, me comenta que estaba en contacto con el resto del viejo grupo de amigos y que justamente planeaban hacer un asado para el próximo Día del Amigo. Intenté huir en cualquier dirección, pero pesaron más las ganas de conseguir que dejara de romperme las bolas, así es que acepté la invitación.
Yo estoy sin trabajo, pero tengo unos fondos guardados -que pensaba retener bajo el colchón hasta el día de la reunión.
Finalmente cuando el gordo Rogelio me dejó un caluroso:
La charla fue de lo más cortés, rememorando con fingida alegría, pasajes de nuestra infancia en Villa Urquiza; recuerdos que se me antojaban insufribles. Después de unos veinte minutos de palabras que iban y venían sin piedad, me comenta que estaba en contacto con el resto del viejo grupo de amigos y que justamente planeaban hacer un asado para el próximo Día del Amigo. Intenté huir en cualquier dirección, pero pesaron más las ganas de conseguir que dejara de romperme las bolas, así es que acepté la invitación.
Yo estoy sin trabajo, pero tengo unos fondos guardados -que pensaba retener bajo el colchón hasta el día de la reunión.
Finalmente cuando el gordo Rogelio me dejó un caluroso:
"Nos vemos,che.Un abrazo.".
Saco las uñas afiladas y le arrojo un fulminante:
"Dale, pero no vengas con plata de chipero.Jaja."
En la ventana del chat quedan unos puntos suspensivos titilando varios segundos, hasta que la respuesta del gordo llega implacable:
"XD. Imposible,che. No te conté nada,pero yo laburo de chipero".
La vida nunca me mostró su mejor cara, pero siempre se las arregla para dejarme sin palabras. Cerré la conversación con un patético emoticon de Bob Esponja.
Esa noche me fui a dormir humillado y avergonzado. Los tiempos cambiaron mucho, pero yo sigo igual.; ahora voy a tener que apretarme el cinturón por una semana más para no quedar tan mal el día del asado.
Desde alguna dimensión lejana seguramente el ñandu y el puma se estarán riendo de mí."
Esa noche me fui a dormir humillado y avergonzado. Los tiempos cambiaron mucho, pero yo sigo igual.; ahora voy a tener que apretarme el cinturón por una semana más para no quedar tan mal el día del asado.
Desde alguna dimensión lejana seguramente el ñandu y el puma se estarán riendo de mí."

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