lunes, 23 de mayo de 2016

Andén






"Su rutina era melancólica,vacía y mecánica. Atrás quedaron los amigos,la familia y el terruño. Salía el sol,se levantaba y ahí estaba; la enorme bestia de cemento y cristal sorbiéndolo como el embudo de un monstruoso tifón. Cada mañana,sobre el andén ahogaba las manos en los bolsillos vacíos de esperanzas y perdíase hasta que el tren quebraba el murmullo de la turba ansiosa.
Y un día la vio. Como una herida reluciente sobre pálida piel. Al otro lado,en el andén que lo enfrentaba, la Venus muda y taciturna, la desconocida mirada que lo humillaba ensoberbecida de hermosura. Y solo eso necesitó. Se supo suyo. 
Las horas se sucedieron  y desesperaba. Verla era su único anhelo, su ancla a este mundo pérfido y sin gracia. La noche lo devolvió a su lecho y ,apremiado por la locura, corrió a la estación al amanecer. Fija, al otro lado del mar de rieles, ella lo esperaba . Sin nombre que la evocara,sin voz, como Alicia a través del espejo.
Su rutina cobró otro significado. Cada luna era la antesala de un nuevo silencioso encuentro. Mas,un día no supo tolerar tal fuego que su interior quemaba y una intempestiva determinación, como nunca antes experimentara, floreció en su pecho. Corrió escaleras abajo, tropezando con el gentío. Atravesó las calles infestadas y los verdes bulevares en demencial carrera. Mas allá: los peldaños que al Cielo conducían. Contó cada paso hacia el encuentro inevitable y llegó agitado al andén opuesto. A ese lugar que le parecía otro mundo. Y nada vio allí que su corazón serenara. Rostros,cientos,pero no el que buscaba afanosamente. Ya rendidos, sus pies se detuvieron en un claro,solo para encontrar, conmovido por la sorpresa, aquellos ojos verdes al otro lado del andén. No vislumbró en ese instante,la cruel maniobra del destino. Qué clase de broma enferma le jugaba el mundo. Dispuesto a romper la cadena oxidada de su fortuna, ante las miradas incrédulas que lo rodeaban, de un salto descendió a la vías y corrió hacia ella. En un único ultimo instante revelador,comprendió. Allí le sonreía,encantadora como siempre, desde las frías baldosas de la estación, la esquiva muerte vestida de Afrodita. Y supo entonces que la muerte también ama, y que su manera de amar es huir. El chirriar de metales bajo la pesada máquina sonó tan dulce. Y sonrió feliz, hasta que su cuerpo se deshizo en mil mariposas carmesí. "


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