"No puedo asegurar en qué momento ocurrió; tal vez fue aquella tarde cuando la bella Rosana rechazó con maneras delicadas mi ingenua carta,tan llena de arabescos como de inocentes palabras de amor, la cual me había costado muchas noches de cobardes intentos poder completar. O quizás haya sido una tarde de invierno mientras esperaba el tren -aterrador recuerdo-; tarde fría de oscuras sombras tapizando el solitario andén en el que me encontraba , sentado en un banco húmedo, pasando nerviosamente las páginas de un tomo de Rafael Sabatini sin nadie que compartiera mi agónica espera; ni un alma a mi alrededor,tan solo la compañía de los murciélagos saliendo de sus cuevas,sobrevolando mi testa y perdiéndose, finalmente en el follaje de los árboles que iban cobrando un aspecto fantasmal. Los datos se pierden en un río de nubladas imágenes, pero aun así es cierto que aquel tren nunca arribó; la noche no tardó en caer como un sudario helado y negro haciendo que las alargadas sombras se convirtieran en un mar de brea espesa, ocultando todo el paisaje,excepto por la isla de luz que me proveía un viejo farol y los relámpagos que parpadeaban a la distancia. Verdad es,también, que un temor indecible se me fue colando por la venas,invadiendo con demoníaca velocidad,cada rincón de mi ser,al punto de hacerme perder la noción del tiempo y el espacio. No miento al decir que tan real fue la sensación de verme transportado fuera de la estación, arrastrado a otra dimensión de guturales sonidos cual lamentos de espantosas criaturas. Cuando la tormenta que se había desatado, cesó por fin, y el alba tiñó el entorno de un rojo pálido -con sus matices rosas,naranjas y amarillos-,me hallaba sobre una esquina tirado entre cartones viejos tiritando patéticamente. Sobreviví a esa noche, pero algo muy dentro de mí se infectó con la bacteria que habría de esparcirse con el transcurso de los años. Podría sospechar entonces, que fue ese día cuando sucedió; o si lo pienso mejor,se encuentra también la vez en que regresaba a casa en una noche de borrachera infernal, y me había detenido a evacuar los fluidos abrasadores de mi interior,sacudido por violentos espasmos. Allí mismo , apoyado apenas sobre un muro derruido. recuperé como por milagro, la lucidez que se había embotado por litros de alcohol barato.Fue entonces cuando descubrí que me hallaba en tierra de nadie, en medio de un caserío miserable donde un coro de aullidos y ladridos me estremeció de pies a cabeza inexplicablemente. Como un náufrago abandonado en las orillas del Estigia,sin armas y sin alimento,me vi atrapado en un torbellino de temor y angustia,casi al borde del llanto. Espantosas memorias acuden ahora a mi cerebro fustigado por el desvelo,y sigo preguntándome cuando fue la primera vez que sentí este vacío. No se trata de soledad,la cual es producto de mis premeditadas acciones e infinitas situaciones fortuitas. Es algo aún mas desdichado, semejante al exilio forzado,la expulsión del Paraíso, la caída de Samael. Este sentimiento agobiante de nunca pertenecer, de intentar entender mi lugar pero ser repelido como los polos positivos de un imán queriendo tocarse. Tan solo la gravedad me sujeta,de otro modo mi cuerpo helado y rígido navegaría por el espacio a la deriva,lejos del calor del mundo y de otras almas. No se cuando sucedió, me lo he planteado cada hora de cada día para descubrir un antídoto,pero no he logrado mas que desenterrar mis peores pesadillas inhumadas bajo el polvo del olvido sanador. Y de nuevo he recordado el dolor de existir e ignorar;pues no hay guerra mas sangrienta que la que se desata en nuestro interior,donde no hay vencedor,solo devastación, desesperación y muerte. No consigo descubrir cuando se devoró mi corazón este monstruo voraz, sin embargo he tomado la determinación de detener la búsqueda. Por fin he hallado el limite donde las sombras ya no pueden alcanzarme,y los vientos ya no habrán de empujarme lejos de los otros. Si aquel Dios que siempre me ha tenido en el mas nefasto de los olvidos,aun existe, podré al fin estrechar unas manos cálidas a la salida de este túnel . Podré mirarme en otros ojos sin sentir culpa,sin rehuir las miradas reprobatorias; podré purificar este cuerpo poseído por la ruindad.
Miro hacia abajo en este momento y huelo claramente el aire salobre y escucho las olas romper con furia espartana; un simple paso es la diferencia entre la condena y la salvación; floto como una pluma en el vacío,cayendo hacia el reposo último. Me precipito como en un sueño lúcido y entonces recuerdo cuando fue,pero ya no importa. Mi sangre es ahora océano y mi carne, coral.
Miro hacia abajo en este momento y huelo claramente el aire salobre y escucho las olas romper con furia espartana; un simple paso es la diferencia entre la condena y la salvación; floto como una pluma en el vacío,cayendo hacia el reposo último. Me precipito como en un sueño lúcido y entonces recuerdo cuando fue,pero ya no importa. Mi sangre es ahora océano y mi carne, coral.
Por fin he sido aceptado. "


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