domingo, 14 de agosto de 2016

"El colegio de las cortinas rojas" (2.1)




Día 1: El viaje ha durado mas de lo que esperaba. Papá estuvo manejando toda la noche; solo nos detuvimos en una estación de servicio para comprar algunos víveres y unos atados de cigarrillos.La ruta hacia Lago Escondido es muy sinuosa y para rematar, estuvo lloviznando todo el tiempo. Yo no quise dormir ; me quedé mirando el paisaje oscuro.  Había muchas plantaciones -o lo que supuse plantaciones-  y casas que se divisaban a lo lejos, como unas lucecitas amarillentas apenas visibles. Sin duda me gusta la lluvia y disfruté el sonido de las gotas cayendo sobre el techo. Cuando llegamos a la ciudad, había un gran arco que nos recibió; era la entrada, pero en la densa oscuridad de la noche,parecía una enorme boca de pez. Me sentí como el desdichado Pinocho por un momento. No tardamos mucho en llegar a la casa que nos tocó; una especie de cabaña ubicada en una zona elevada,algo retirada de la ciudad. Los bosques circundantes no me daban muy buena espina. Apenas bajé del auto,un relámpago brilló, revelando esas formas altas, siluetas esqueléticas, que parecían extender sus brazos hacia mí. No pude dormir casi nada. Tuve un sueño extraño. No recuerdo;quizás fue una pesadilla. Me levanté a escribir esto último antes de olvidármelo. Espero que mañana la cosa mejore a la luz del día. 
Buenas noches,diario.


********************************************************************************
Día 2: Me levanté bastante tarde, no me dí cuenta hasta que revisé mi celular. Papá ya se había ido a la oficina central para ponerse al tanto de todos los detalles antes de comenzar a trabajar. Por fortuna la casa está completamente amoblada. La heladera estaba repleta y la alacena también. Desde que el matrimonio de mis padres comenzó a tambalear,pasé muchas horas solo en la casa, así es que descubrí que me gustaba mucho la cocina como pasatiempo. "Vamos a ver que hay para el menú de hoy". Preparé café con tostadas y dejé listas la carne y las verduras para el almuerzo, me salió un salteado de lo mas delicioso. No tenía mucho para hacer y decidí recorrer la casa. Por dentro no había mucho que ver. Tiene tres habitaciones en planta baja y una especie de estudio subiendo las escaleras; una sala de estar con un gran sofá y una cocina estrecha que da al fondo, con una pequeña ventana a través de la cual se ve el bosque. Me recordó a esas películas de terror donde el brazo del asesino se cuela por la ventana de la cocina y sujeta a la víctima de turno. El patio es la mejor parte; basta con decir que es casi todo patio. Me costó distinguir donde termina el terreno y donde comienza el bosque. Lo primero que llamó mi atención fue el viejo galpón que está a unos veinte metros  de la casa, junto a un árbol seco, casi petrificado.  Me colé por una ventana, pues la entrada está asegurada con candado y cadenas, y asumí que las llaves las tenía papá seguramente. Dentro se podía oler el fétido aire, como de aceites y animal en descomposición. Por supuesto que iba a apestar de ese modo; no tardé en ver los grandes frascos apilados y en hilera sobre unas rústicas repisas. No se distinguían demasiado bien,pero adivinar era una cosa de niños: partes de algún animal o de varios; ojos, pezuñas, garras,orejas y órganos que no identifiqué. Pero eso no superaba a la magnífica colección de herramientas afiladas,punzantes y cortantes que colgaban de la pared del fondo. Asociando esos elementos: partes de animales muertos y armas blancas, cualquiera habría podido suponer que nos había tocado habitar la casa de algún psicópata amante del gore. Obviamente el mundo es mas aburrido que las películas pochocleras. Seguramente el antiguo ocupante de la casa mitigaba la monotonía de su rutina cazando animales silvestres; podría haberse tratado incluso de alguien que tuviera por hooby la taxidermia.  No habiendo encontrado nada mas que retuviera mi atención ,escalé sobre la mesa de madera para alcanzar la ventana. Fue entonces cuando una sombra indefinible apareció de la nada, cayendo justo detrás de mí, con un aullido de ultratumba que me golpeó el corazón. Espantado como nunca antes, mi cuerpo se movió solo,saltando por el hueco sin medir las consecuencias. Caí sobre la enorme rueda de tractor que había usado para entrar, con tal fuerza que se me vaciaron los pulmones. Los segundos que perdí la respiración me parecieron eternos; escuché entonces,muy claramente el sonido de algo que  trepaba la mesa,pesadamente. Y yo no podía moverme. ¡Tan solo contemplar el rectángulo de la ventana esperando que aquella sombra se asomara y me mirara directo a los ojos!...........



Quise recuperarme, pero el golpe había sido demasiado duro; sentía la ausencia de aire aún.  Estaba regalado,a merced de la criatura a punto de salir del galpón. Aunque miré en todas direcciones, no encontré salida.¡Era obvio que no iba a encontrar a nadie que me socorriera en ese alejado lugar de pinos y robles! ¡Qué idiota! De golpe agucé el oído. Había algo que podía percibir claramente .¡Se oía! La respiración como un fuelle viejo, silbando tras la pared de madera, acercándose. En un inútil intento de conservación arrojé una rama quebrada que estaba junto a mí, por el hueco oscuro y escuché un leve quejido. Por fin una pálida mano,engarfiada al marco,luego una cabellera oscura colgando,y un torso, emergiendo espasmódicamente. Ahogué un grito, o en todo caso me fue imposible gritar, todavía no recuperaba el aire. La forma se deslizó casi como por simple inercia,como un cuerpo muerto al que se deja caer; tras sus cabellos revueltos, suspendidos en desorden sobre un rostro fantasmal, me miraron; esos profundos e irreales ojos azules.

Me quedé sin aliento cuando aquella criatura se incorporó lentamente frente a mí. ¡Diablos!¡Como esos espectros de los films de terror japoneses! Solo cuando me dió un leve puntapié en un hombro y se quejó con voz meliflua, me devolvió el alma al cuerpo . 
"Idiota. Me diste justo en la cara con esa rama. Me dolió"
Esa "sombra" espectral que apareció de la nada,en realidad se llama Isabella y sí, es una chica. No salió de la nada, estaba en el altillo del viejo galpón/depósito y se asustó cuando vio que alguien mas estaba dentro, por eso trastabilló y cayó a mis espaldas. Suele meterse por la ventana para guardar su colección de piezas de animales muertos en accidentes de carretera o atacados por depredadores. El galpón está cerrado desde hace años y mi papá tampoco tiene la llave,como había supuesto en un principio. Esta extraña chica vive en las inmediaciones. No es un lugar tan aislado como pensaba, tan solo es que las espesas arboledas ocultan las demás propiedades. Todo esto me lo contó después, mientras tomábamos un chocolate caliente en el porche de la casa. Aunque me impresionó de manera negativa la primera vez, luego fui cambiando de opinión. Es una chica ciertamente linda,pero algo inusual. Vestía casi como un muchacho,con esa camisa de franela a cuadros y los jeans desgastados. Su tez es tan blanca que se pueden ver la venas azuladas tras la piel. Tiene una bonita voz,suave y tranquila. Charlamos un rato sobre los viejos habitantes de la casa. Se habían marchado hace rato,me dijo,al parecer porque no toleraban el clima. Le conté sobre el colegio al que iba a asistir y eso parece que la sobresaltó un poco. No sabría decir por qué. 
"¿El colegio San Bartolomeo?" -me preguntó con sus azules ojos muy abiertos.
Le resumí la historia del divorcio de mis padres y el asunto de la matriculación en ese colegio por medio de un amigo de papá. 
"Supongo que no todos conocen la historia,entonces" 
Lo dijo en un tono siniestro, como si hablara consigo misma.
"¿De qué historia hablas?" le pregunté
Se quedó mirándome un buen rato y secándose el chocolate de los labios con la manga de su camisa,me respondió:
"La historia acerca de la Noche de las cortinas rojas"
Esas palabras me produjeron un repentino picor en todo el cuerpo. Esa reacción que tenía de chico cuando no podía dormir,creyendo que algo me miraba desde el fondo del ropero.
Quise sacarle mas información, pero recordó que tenía algo que hacer y se le había pasado la hora. Me agradeció el chocolate y se fue corriendo hacia el fondo, desapareciendo tras los árboles.
Primer día y ya tuve un encuentro muy curioso. Espero poder dormir bien esta noche,sin tener pesadillas sobre esa "noche de las cortinas rojas" o lo que sea.
No pasó nada mas interesante,aparte de eso. Papá llegó bastante tarde. Lo escuché desde mi cuarto. Creo que hablaba con alguien o fue solo mi imaginación.
Tengo mucho sueño. Fue un día raro. Mejor duermo; solo tengo un día mas de descanso antes de empezar el colegio.

Buenas noches,diario.

**********************************************************************************
Día 3: 
Dormí como un tronco, como si recién hiciera efecto el cansancio del  viaje. No tenía ánimos para levantarme; odio los domingos. Yo lo llamo "el día muerto". Me parece el día mas funesto de la semana, insufrible. Una transición entre este mundo y la tierra de los muertos; un río Estigia que solo me recuerda a borrachos tropezando en la calle, música espantosa a todo volumen y angustiosa espera. Tuve que reunir todas mis fuerzas para abandonar la comodidad de la cama caliente. Cuando me levanté escuché voces en la sala; era papá con una persona desconocida. No me gusta entrometerme en sus asuntos, ni lidiar con los adultos, por lo que evité hacer contacto visual,escabulléndome hasta la cocina sigilosamente. Hice un café bien cargado y me dirigí de nuevo hacia el cuarto, pero tuve mala suerte y papá me vio deambulando por el pasillo. Me llamó para hacer las presentaciones pertinentes. ¡Qué horrible día! 
El sujeto que estaba charlando con mi padre es un viejo amigo de su juventud,según pude deducir de sus comentarios, se llama Horacio y vive en Lago Escondido desde hace mas de diez años. Fue quién ayudo a tramitar mi traspaso de colegio. Es bastante amable,de buenas maneras, quizás demasiado amable para mi gusto. Parece del tipo de persona que no dice todo lo que quiere decir, que se esfuerza todo el tiempo para resultar agradable. Me inspira esa misma desconfianza que los pastores de la televisión. Pero tal vez son ideas mías y nada más.
En un momento quedamos solos cuando papá subió a buscar una caja de papeles para mostrárselas a su amigo. Aproveché el breve intervalo para despejar una duda que traigo desde ayer.
"¿Puedo preguntar algo?"
"Claro.Decime"
"¿Qué es eso de La noche de las cortinas rojas?"
Me pareció ver un brillo dubitativo en su mirada; incluso se demoró en darme una respuesta como si su mente hubiera quedado tildada por un instante. Pero se repuso en seguida y comenzó a reír.
"¿Dónde escuchaste sobre eso"?
No se por qué,pero me pareció necesario proteger la identidad de mi informante.
"De por ahí, un blog de internet."- mentí
Me dijo que era solo una leyenda urbana para atraer turistas o algo así. La ciudad no tiene demasiados atractivos ni una historia muy rica que contar,por eso los habitantes se ocupan a veces de inventarse historias para darle algo de color a su aburrida vida, sobre todo los jóvenes, que tienen el don de aburrirse con demasiada facilidad. Me pareció una respuesta con pocos argumentos, pero debe ser verdad. Isabella tiene todo el aspecto de una joven que se aburre en una ciudad sin gracia. No sería raro que se haya inventado eso de las "cortinas rojas" o lo haya repetido de haberlo oído por ahí. 
Por la tarde salieron rumbo al centro en la Ranger de Horacio y yo me quedé solo. Aproveché para ordenar mis cosas; encontré mi pequeño telescopio entre la pila de cajas y lo acomodé en la ventana. El cielo en Lago Escondido se ve tan diferente al de la ciudad donde vivía; tiene un azul tan profundo y las estrellas se ven con tal nitidez, es como comparar una vieja tele con un plasma HD.
Mientras descansaba la vista,después de estar mirando algunas constelaciones un rato largo, noté algo moviéndose entre los árboles. Ya estaba oscureciendo,pero me pareció distinguir la negra cabellera de Isabella. No la vi hoy, pero tal vez volvió a meterse en el viejo galpón a dejar algunos de sus frascos de científico loco. La verdad es que tengo ganas de verla, no sé si es por ella,o en verdad tengo una curiosidad terrible por saber sobre esa historia -aparentemente una leyenda urbana-.
Aunque se trate de algo falso, siempre me intrigaron esas cosas. Mis interminables horas mirando X-Files o el canal ID,me han dejado un poco trastornado seguramente (^^). De todas maneras, sea ficción,fantasía o realidad, debe ser lo mas interesante que este lugar puede ofrecerme. 
A eso de las 8 de la noche me dispuse a preparar algo para la cena y fue cuando escuché un golpe seco sobre el techo. "Frutos de pino" pensé. Pero a los pocos segundos el sonido se repitió, y después una vez mas y otra y otra, a intervalos regulares. Eso ya no podía ser algo de la naturaleza. No soy un idiota, no iba a salir afuera en medio de la oscuridad preguntando "¿Quién anda ahí? Eso solo lo hacen para que funcione un flojo guión de película. Me quedé en silencio en la cocina, pero sosteniendo un enorme cuchillo  que tomé del cajón; no soy estúpido. El ruido cesó después de unos minutos.  Pensé que se había calmado todo por fin; guardé el cuchillo y seguí con lo que estaba haciendo. Me puse a lavar la tabla de picar en la batea y de golpe... ¡Por todos los demonios!¡Santo cielo! ¡Casi muero por segunda vez de un infarto en dos días que llevo en este lugar! ¡Y justo en la ventana!¡La diminuta ventana por donde se cuela el brazo del asesino en las películas de terror! ¡Ahí mismo el súbito golpe que me tumbó de culo al piso! ¡Sí, soy un idiota después de todo!¡Pero por Dios santo!¡Qué susto! ¡Era un pájaro!¡Un maldito pájaro se estrelló en la ventana!
El cristal quedó manchado de sangre, algunas plumas pegadas en el espeso líquido  rojo. ¿Qué tan desorientado puede estar un animal como para estrellarse de esa manera y a esa velocidad? Solo un animal muy estúpido...o acaso un animal muy asustado, como si huyera de algo. 
Creo que estoy dándome demasiado rollo con esto. Estoy empezando a volverme paranoico por nada, y todo porque Isabella  mencionó algo sobre una tonta leyenda urbana. Decidí no esperar a papá y cenar solo,como casi siempre. Me puse a ver algo de televisión. Qué curiosa coincidencia...dejé puesto un canal  cualquiera y, mientras  me disponía a roer el muslo de pollo frito,  empezó un viejo film que conocía de memoria: "The Birds" de Alfred Hitchcock. 
¿Una señal?
Este domingo fue un "día muerto", sin dudas.
No sé si decir buenas noches. Ya tengo miedo de que se repita otra pesadilla. Mañana por suerte cambia mi rutina. Por fin conoceré San Bartolomeo.
Buenas noches,diario.
**************************************************************************


Día 4: 
Acá estoy,frente al enorme portón del Colegio San Bartolomeo. Me quedo un rato contemplando la extensa entrada. Es un sendero de piedras rojas que atraviesa un túnel natural de árboles y muere justo frente a la puerta del edificio principal. Es un edificio antiguo, de ladrillos y ventanas rectangulares,muy altas. Se puede percibir la humedad en el aire; hay un fría llovizna pegándome en la cara,pero me quedo contemplando un rato más. No se parece en nada a mi anterior colegio. No oigo risas ni gritos, el típico bullicio de adolescentes inadaptados. Me imagino un hospital, un hospital psiquiátrico, con sus habitaciones a prueba de golpes y puertas enrejadas; me imagino enfermeras viejas y obesas en lugar de profesores. Hay demasiado silencio; tanto que sospecho haberme equivocado de día. Tal vez el "día muerto" se había extendido 24 horas más. Quizás estaba repitiendo una misma jornada como en el Día de la marmota.  Me detiene un repentino sentimiento de temor. Quedo ahí,clavado en el suelo, viendo las sombras de los pinos alargarse; sin embargo puede más la curiosidad. Todo lo anterior son estúpidas conjeturas y divagues,producto de los extraños eventos de los pasados días . Cierro el paraguas y lo agito, salpicando el agua de la tela en todas direcciones.
"Ten más cuidado cuando hagas eso".
El chico pasó a mi lado,mirándome con mala cara. Era un rubio de frente amplia y cejas pobladas, peinado simétricamente con raya al medio. Supuse que era un niño rico,a juzgar por las maneras delicadas. Caminaba como si evitara tocar el suelo con sus lustrosos zapatos negros y mantenía una postura erguida,altiva: la espalda recta,los hombros en perfecta linea horizontal. Todo un ejemplar de pichón de alta alcurnia. Me encogí de hombros y lo seguí. Ni siquiera se volteó a verme una vez, como si estuviera a costumbrado a los rostros nuevos.
No había nadie en los pasillos,ni en el salón de actos,ni en el patio interno. Empecé a caminar observando el entorno; mis pasos se multiplicaban en numerosos ecos que rebotaban en los fríos muros y volvían hasta mí. No cabía duda de que la construcción era antigua; podía verlo en sus columnas y en el techo abovedado. La luz del sol apenas se colaba por los angostos ventanales; la penumbra se sumaba al silencio reinante creando una atmósfera apacible pero inexplicablemente inquietante. Sentía las presencias de otros que estuvieron antes de mí, flotando, mirándome con ojos siniestros desde sus viejas fotografías sepia -colgadas en las pare des-como si hubieran quedado sus formas impregnadas para siempre en el aire y en los muros de color indefinido. Más de una vez me han dicho que tengo un sentido muy desarrollado para percibir cosas que otros no ven. Eso no evitó que perdiera el rumbo. Me extravié sin darme cuenta ,subiendo escaleras y mirando al interior de las aulas cada tanto para ver si daba con el salón correcto. Cuando me disponía a recorrer por segunda vez la galería que circundaba el patio lleno de plantas, me detuvo alguien poniéndome una mano en el hombro. 
"¿Salvador Breccia?"
Estuve muy errado cuando imaginé a las obesas enfermeras. La señorita Helena era todo lo contrario.¡Vaya que sí lo era! Si tuviera que compararla,sería con una muñeca de porcelana. Muy delgada y alta, de brazos y dedos finos,delicados al tacto; los sentí cuando me rozaron la nuca al retirar su mano. Su cuello era largo,pero no demasiado; un cuello de cisne ,brillante y tentador. Llevaba el cabello castaño recogido en un conservador rodete. El vestido negro,entallado, abrazaba su figura como un guante de seda. Y ese perfume. ¡Qué fáciles de dominar somos los hombres! Ese aroma aciruelado,penetrante.... Tuvo que repetirme la pregunta por segunda vez y solo recién volví a meterme en el papel del alumno recién trasladado,olvidándome de los pensamientos voluptuosos de Giacomo.
"Sí...soy yo."
Se presentó. Helena Comté, preceptora de tercer y cuarto año. Me sonrió amablemente y me guió sin demora,hasta el segundo piso; el aula está en el ala este, al final de un pasillo que no había visto.
Cuando entré al aula,en medio de la clase de Francés, se hizo un silencio de funeral. Me paré al frente de la clase para que la señorita Helena hiciera las presentaciones. Repasé con la vista a cada uno de mis nuevos compañeros. Me dio la impresión de que veía en todos el mismo rictus,un mismo rostro con leves diferencias; como un copy/paste humano de facciones sin emoción alguna.
"Lo voy a  pasar genial, sin duda alguna."
Por suerte me tocó un banco del fondo,en la fila del medio. Hubiese preferido uno junto a la ventana,pero no puedo pedir más. Al menos, desde mi posición privilegiada, pude estudiar al resto de la clase, uno por uno. El bajito de lentes, la pelirroja de trenzas, el alto de nariz aguileña, la rellenita de voz aguda...y claro, cómo olvidarme: el niño bonito de simétrico peinado al medio. Su nombre,supe durante la hora de Filosofía, es Uriel. Apuesto un ojo a que sus padres se lo pusieron en referencia al Arcangel. Eso explicaría sus aires de superioridad. Un ser de luz entre simples criaturas de barro.
Todo fue de lo mas normal. No hablé con nadie y nadie se dirigió a mí en las primeras horas, pero cuando salimos a descansar al patio, durante el último recreo, tuve una breve interacción con otro peculiar ser humano. Yo estaba sentado en una esquina bastante alejado del resto, comiendo una barra de chocolate. Los miraba pasear, dispersos, en grupos de no mas de tres personas. No había corridas, ni voces alzándose, ni papeles arrojados. Me pareció que repetían un patrón de movimientos, yendo de aquí para allá con paso estudiado. En fin... locuras mías.
"¿Puedo?"
La voz sonó a mi derecha repentinamente. Me sorprendió de tal forma que perdí el último mosaico de chocolate que me quedaba, cayendo al piso. No tardó en ser abordado por un grupo de hormigas,mientras lo miraba con angustia.
"¡Mierda! Estaba rico"
Era el chico de la primera fila, penúltimo banco del fondo. Lo tenia registrado en mis retinas. Al parecer bastante tímido, por sus gestos corporales y su voz apenas audible. Me estaba señalando el espacio vacío a mi lado. Le dije que se sentara y obedeció. Llevaba el flequillo largo, tapándole las orejas y cuando se inclinaba le tapaba también los ojos, por lo que constantemente estaba acomodándose el mechón con el dedo meñique . Por un rato no hubo intercambio verbal, hasta que decidí tomar la iniciativa. Se llama Dante y al parecer escribe música. Me contó que está en el colegio hace bastante poco también; anteriormente no asistía a clases debido a un impedimento de salud que le exigía un reposo prolongado. Afortunadamente le recetaron un nuevo medicamento que le permite tener una vida "normal", dentro de todo. Me invitó unos alfajores caseros,que por supuesto no rechacé. Finalmente le pregunté por qué se había animado a hablarme cuando todo el mundo parecía ignorarme o poco menos. Solo me respondió con un nombre.
"Isabella"
Eso lo explicaba todo. Tenemos una amiga en común.
Estaba a punto de volver a insistir una vez más sobre el asunto del mito, pero Dante pareció adivinar mis intenciones.
"Esta noche ella va a pasar por tu casa. Si querés saber sobre algunas cosas en especial de este lugar, nos vamos a reunir a las ocho. Esperala junto al árbol muerto. Estás avisado. Me dijo que llevaras chocolate caliente en un termo."
Había demasiado misterio en todo esto. Ya me estaba empezando a sugestionar y eso -lo sé de sobra- siempre termina en cosas de las cuales después me arrepiento. ¡Pero al diablo todo!
Decidí que hoy iba a ir con Isabella y Dante. Estas preguntas me están carcomiendo la cabeza. 
Se hicieron las 19: 30. Estaba muy ansioso. Me senté en la baranda,frente a la casa, a esperar la hora convenida. Al parecer, por la mañana había salido muy dormido rumbo al colegio, porque recién entonces me di cuenta de los pájaros muertos - las cuencas de los ojos vacías- , devorados por las alimañas, junto a los mohosos peldaños de madera. 
*********************************************************************************************



Llegamos hasta el sendero que rodea el pequeño lago que le da nombre al pueblo. Isabella mencionó, en un momento dado, el nombre  del lago, pero me lo olvidé; era un nombre de origen nativo, pronunciado en el idioma de una tribu ya extinta. Está aproximadamente a unos quince minutos de mi nueva casa. Descendimos  a pie,atravesando el bosquecillo ,ya que el lago se encuentra en el centro de una depresión del terreno. Dante habló casi nada mientras marchábamos, y cuando lo hizo,fue para decir que ese lugar siempre le pareció el nido de un gran pájaro monstruoso.  Había oscurecido,pero la luz de la luna iluminaba con una claridad tal, que podíamos ver hasta las pequeñas piedras del camino. Por fin nos topamos con una derruida construcción hecha de troncos, a la orilla del lago. Isabella se acercó a la puerta e hizo una maniobra con el destornillador que extrajo de su mochila; se escuchó el pasador deslizarse del lado de adentro con un sonido seco,entonces empujó la hoja que se abrió con un chirrido de bisagras oxidadas. Comprendí que era un sitio de uso habitual,ya que por dentro todo estaba bastante ordenado y limpio. Dante encendió unas luces de emergencia y el espacio interior quedó bastante iluminado. Había una mesa vieja, dos sillas de hierro y un banco de tablas; una descascarada taquilla azul de dos puertas y un anafe de campamento. En la pared del fondo colgaba un mapa y una repisa con libros de grueso lomo. Escogí el banco para sentarme y me quedé sin hacer nada. Isabella ,por su lado,tomó una barra de hierro de la taquilla y la usó para abrir la ventana tipo banderola. El silencioso Dante estaba cargando una cafetera -negra de hollín- con agua de una botella plástica que llevó consigo; vi como la colocaba sobre la hornalla encendida  y dejaba caer los saquitos de café dentro del recipiente; todo a velocidad de cámara lenta. Sobra decir que me había olvidado completamente de llevar chocolate caliente en un termo; me lo recordó varias veces en el camino.
"Vamos a ir a nuestro santuario privado" había dicho Isa (la llamaré así de ahora en adelante por mero capricho). Aquella solía ser una cabina de vigilancia,pero se dejó de utilizar hace muchísimos años. Ahora está abandonada, o casi. La historia del porqué, merece un párrafo aparte. Según su propias palabras, en esas aguas se había ahogado una mujer que visitaba furtivamente la casa por las noches, para verse con el guardia que la ocupaba, y con quien mantenía una relación ilícita. Tras su muerte, aparentemente el guardia había enloquecido, afirmando que la vio durante una madrugada tormentosa, emergiendo desde el fondo del lago, envuelta en un fantasmal vestido blanco, llamándolo insistentemente por su nombre: Marco...Marco...Marco...
"Qué locura. Debo reconocerlo. El lugar da miedo. Se presta para inventarse cualquier tipo de historias de ese calibre."- pensé 
Cuando Dante terminó de preparar el café, nos lo sirvió a cada uno en sendas tazas de losa. Isa ocupó una silla,sentándose al revés,con el respaldo hacia adelante,apoyando displicentemente los brazos en éste. Estábamos todos listos. ¿Listos para qué? Bueno; esa era la pregunta que me arrastró hasta ahí. Tenía esa repentina urgencia de conocer la historia completa,los detalles.   Afuera ,los grillos,ranas y peces habían iniciado una interpretación cavernosa, como fondo musical para el plomizo silencio que flotaba en la pequeña cabaña de troncos.  Por fin, tras unos sorbos de café caliente, se abrió el telón.
"¿Estás preparado para escuchar toda la historia?"
La voz de Isa sonó profunda, con ese tono oracular que tienen las brujas. 
"Claro que sí. ¿Por qué no lo estaría?"
"Dicen que si la historia se transmite a una persona que no haya nacido en Lago Escondido, la maldición vuelve a ocurrir."
Tragué el café de golpe, y con él, también la espesa saliva que me supo agria.  Otra vez el picor en las manos. Miré hacia donde estaba Dante,esperando ver un gesto de complicidad,como diciéndome "seguile la corriente". Pero solo pude ver sus ojos hundidos, tras la sombra de su largo flequillo, y la boca en una mueca indefinida. Eso no me tranquilizó. Pero no había de qué preocuparse. 
"Es una simple historia. No soy tan idiota como para caer en la broma de Isa. Seguro me está probando."
"No tengo miedo de esa clase de mitos."
Pareció como sí la hubiese decepcionado....no. Mas bien creo que fue como si se compadeciera de mí. Me lanzó una mirada de condescendencia.
"Allá vos y tu pobre alma condenada" pareció decirme.
"Adelante" -continué
"Está bien. Esta historia la escuchó mi mamá y su hermana, así como muchos otros de esta ciudad,que hoy están muertos. Pero eso nada tiene que ver con la maldición,pues todos habían nacido en este lugar, como Dante y yo. Pero la historia no sólo se esparció de boca en boca en aquellos tiempos...la verdadera historia de la noche de las cortinas rojas, está escrita en un viejo diario. Sabía que iba a ser poco creíble si te contaba la versión tal como yo la escuché la primera vez. Así es que decidí buscar ese manuscrito por mí misma para que lo leyeras esta noche. No fue fácil; me tomó toda la tarde de ayer poder dar con el diario. Lo habían escondido muy bien desde el último incidente. "
Recordé cuando me pareció verla anoche en el bosquecito detrás de casa.
"No me digas que el diario estaba escondido en ese viejo galpón también."
Me miró un tanto desconcertada.
"¿Por qué preguntás eso?"
"Pues,porque anoche te vi,desde la cocina, caminando cerca de casa."
"¿Estás seguro de eso?"
"Claro. Imaginé que venías de guardar una de tus piezas de animales."
Hubo otro silencio como al principio de la velada. Ominoso y pesado.
Al fin me miró fijamente con una macabra sonrisa en los labios; o lo que intentaba ser una sonrisa.
"Yo no estuve en Lago Escondido en todo el día. Llegué hoy temprano de Paso Verde, a donde fui,precisamente para buscar el diario."
Reproduje el recuerdo de la noche anterior, rebobinando las imágenes que estaban en mi retina. Observé una vez mas a Isa,de pies a cabeza: su camisa roja,arremangada; su pantalón de jean desgastado; sus zapatillas de lona.
"¡Dios Santo!"
En ese momento experimenté una sensación de escalofrío en toda la médula . Como si una lengua de hielo me lamiera desde la base de la espalda hasta el cuello. La imagen se había hecho patente en mi memoria.  Volví a verla nítidamente, como ayer. Entonces creí que lo estaba pensando para mí mismo,  pero lo dije en voz alta inconscientemente, con un aterrado hilo de voz:
"La chica que ví anoche llevaba un vestido blanco."

**************************************************************************************
Dante e Isa también habían sido testigos de las apariciones de la dama del vestido blanco en el pasado. O eso dijeron para sacarme del lamentable estado de perplejidad en el que me encontraba, al menos momentáneamente. De todas maneras, podía haber sido cualquier cosa; otra persona o un efecto óptico engañoso. Si estaba dispuesto a meterme de lleno en el mito de las cortinas rojas ,no podía flaquear con esa tontería. Una vez que volví a mi serenidad habitual y las tazas estaban completamente vacías y apiladas, Isa extrajo un cofre de madera de su mochila y la depositó sobre la mesa. Era una caja del tamaño de un albúm familiar;  en sus costados se apreciaban las ramas y hojas talladas finamente; sobre la tapa -en cambio- el tallado correspondía a unas iniciales : I. S. Cuando finalicé mi inspección, miré a Isa, que no mostraba ninguna intención de abrirla. Hizo un gesto con la mano,como cediéndome el paso en una cola del banco.
"Adelante."- murmuró
El viejo diario se reveló cuando quité la tapa. Era un cuaderno que fue rojo en algún tiempo lejano, sus hojas amarillentas estaban sujetas con hilos muy finos pero resistentes; cuando las palpé se sentían ásperas, esa aspereza del papel que ha sufrido todo tipo de efectos ambientales : humedad, calor, polvo.  Sus caracteres, en letra manuscrita, estaban deformados por la rugosidad de las páginas,pero seguían siendo legibles. Supe enseguida que la escritura pertenecía a una mujer; tenía esos arabescos,giros y bucles delicados, propios de una chica de secundaria; se percibía la energía juvenil en cada final y comienzo de palabra, como la sutil espiral en la cola de la letra "a". 
Empecé a leer las primeras lineas,pero en seguida la voz de Isa me detuvo.
"Esa parte no es necesaria. Saltate hasta la página que tiene una fotografía."
Hojeé el diario hasta que dí con la página. La foto estaba doblada por la mitad,justo en la parte superior de la hoja, la desplegué  observando la imagen retratada, algo borrosa. Se trataba de una joven, tal vez 15 o 16 años de edad, bastante bonita; tenía un largo vestido estampado -quizás con flores- hasta debajo de las rodillas; el cabello largo negro,suelto, le llegaba hasta la cintura; sobre la cabeza llevaba un sombrerito encantador con una cinta colgando hacia un lado. No pude evitar centrar mi atención en sus ojos, fríos y sin embargo expresivos, que me miraban desde su dimensión plana, contándome una historia que aún no se había escrito. La veía feliz, aunque tranquila,sin énfasis innecesarios. Era una muchacha que parecía fuera de su tiempo, como si estuviese compartiendo conmigo esa vieja cabaña en medio del bosque, en ese preciso instante. Tardé en notarlo - torpe de mí- , pero descubrí la razón que me provocaba ese extraño sentimiento de cercanía : la figura en la fotografía era Isabella. 
************************************************************************************
Es mi bisabuela Ilaria. Hija de inmigrantes italianos que llegaron a finales del siglo XIX al puerto de Buenos Aires y se trasladaron a Lago Escondido cuando aún no se llamaba así."
Con esta declaración - al ver el asombro en mis facciones- Isa despejó todas las suposiciones acerca de su parecido con la adolescente de la fotografía. Acto seguido,me dispuse a leer las anotaciones que su bisabuela había hecho en el diario.
Voy a transcribir literalmente ciertos pasajes,pero no lo haré completamente. Después de terminar la lectura, quedé estupefacto. Los hechos narrados allí superaron mis expectativas. Aún conservo cada párrafo es mi mente y se niegan a desaparecer; peor aún: cada vez se vuelven las nítidos,al punto de transformarse en imágenes patentes y perturbadoras. 
Antes de proceder a repetir las palabras, voy a recordar la introducción que Isa se encargó de hacer para ubicarme cronológica y contextualmente en la historia.
Corría el año 1918. Los padres de Ilaria habían ocupado un lote cercano al lago, propicio para el cultivo y la cría de aves de corral y otros pequeños animales. La comunidad de Lago Escondido estaba creciendo con rapidez; no podía compararse con Buenos Aires, desde donde habían llegado hacía unos meses, pero en cuestión de semanas ya  se podían ver multitud de casas precarias donde antes solamente había arboles y gramilla. Estaba convirtiéndose en un reducido pueblo de inmigrantes y nativos; como tal, era solo cuestión de tiempo para que la gente necesitara cierto apoyo espiritual. Y este soporte vino de la mano del padre Augusto, quien llegó viajando desde un pueblo de Formosa, al norte,  donde había estado trabajando como misionero por algunos años.
Una vez que se levantó la parroquia de San Bartolomeo, la gente la convirtió en su centro de reunión, de debate y cualquier tipo de celebración. Todo pasaba por el padre Augusto y todo se decidía en la nave principal del edificio santo. No solo los inmigrantes concurrían,sino que también comenzaron a llegar nativos y descendientes de las tribus originarias. El sacerdote demostró sus dotes de misionero, convirtiendo a decenas de paganos en fieles cristianos. Era una época de paz y progreso. Un pequeño poblado tranquilo, alejado de la gran urbe e impregnada de un común deseo de prosperidad.
Fue entonces cuando la joven Ilaria comenzó a dejar sus memorias escritas.


"14 de Agosto:
El padre Augusto ha decidido reunir a los jóvenes en la parroquia para la organización del seminario. Yo no podré ir porque tengo todavía asuntos de mis estudios, y mamá es muy estricta en ese aspecto. Me ha dicho Amalia que la última vez, el padre estuvo algo raro; imagino que debe ser por los rumores que se han estado esparciendo. Dicen que va a venir un enviado desde la capital a reemplazarlo. Se ha encariñado tanto con Lago Escondido,que debe estar pasando por momentos de angustia, pobre.(...)"
15 de Agosto:
Hoy sucedió algo extraño. Encontré a Sayén,una niña nativa que está aprendiendo nuestro idioma, acurrucada en la cabaña detrás de la parroquia. Yo estaba yendo hacia la casa de Amalia, cortando camino a través del trillo que rodea el lago,  cuando escuché un leve quejido que venía desde el fondo de la vivienda. La pobre tenía marcas en todo su cuerpo,como de golpes con varilla,o latigazos, no estoy segura. Apenas balbuceó algunas palabras en su idioma,que no entendí. Lo único que dijo en español y alcancé a comprender, fue "diablo". Tengo la sospecha de que su padre o madre la golpea, así que huyó de su casa y encontró ese lugar junto a la iglesia para resguardarse. La entiendo.Si yo tuviera que esconderme,sería ahí mismo, lo mas cerca  posible de Dios . (...)
16 de Agosto: 
No puedo comer,ni dormir,ni siquiera he podido hablar. Amalia vino a casa temprano con una noticia. Yo estaba dando de comer a los animales en el corral y la vi llegar, pasando por sobre la cerca como siempre. Tardó en dirigirme la palabra; se había quedado muda ahí parada. Pensé que me estaba haciendo una broma o algo parecido, pero después vi el rojo en sus ojos; estaba seria como nunca antes. Siempre ríe y dice tonterías para contagiarme con su alegría, pero esta mañana era otra. Y eso me asustó de manera terrible. Pero no fue hasta que por fin pude lograr que hablara, que ese sentimiento de susto se convirtió en horror. Todavía no he podido volver a probar bocado,ni he bebido agua.No puedo contarlo con mis propias palabras, por eso repito las de Amalia:
"La pequeña Sayén.... la encontraron hoy temprano. Su cabeza,sus brazos,sus piernas,su torso.... pobrecita...separados, como si las hubiera arrancado una bestia a mordiscos. ¡Dios mío! Y no es lo mas espantoso....  estaban colgando de los árboles,atados con cintas rojas y plumas negras....¡como si fuera un asqueroso ritual para adorar al mismísimo demonio!"
Caí de rodillas al escuchar sus palabras. No pude volver a hablar desde entonces. Mi voz no es capaz de salir de mi garganta; el terror me está asfixiando...y la repugnancia al imaginarse su tersa piel morena desgarrada a jirones....desangrándose sobre la corteza del árbol.¡Santa María,líbranos del mal! 
Solo una palabra asoma en mi labios cada vez que trato de dormir ...y me quita el aire:
"Diablo...diablo...diablo"
*********************************************************************************


Al llegar a esa parte,detuve un instante la lectura. Pude contemplar en mi mente-como si la tuviera frente a mis ojos- el pequeño cuerpo desmembrado de la niña. De manera inconsciente retiré la vista de las páginas del diario y la dirigí hacia la ventana abierta de la cabaña. Iluminados por la blanquecina luz de la luna, los árboles parecían antiguos guardianes; totems protectores del bosque, tenebrosos y mudos, escondiendo -para sí- vaya a saber cuantos macabros sucesos del pasado. Posé mi atención en una rama cualquiera, perfectamente horizontal, como un brazo poderoso que se abría para impedir el paso a los profanadores. Vi entonces los cordeles rojos meciéndose de esa rama, las plumas negras anudadas, la sangre cayendo sobre la corteza rugosa como una savia oscura y  pegajosa. Oí unos gritos desgarradores provenientes de la profundidad del lago; tal vez solo se trataba del croar de las ranas y el chapoteo de alguna criatura nocturna, pero en mi cabeza se traducían en un código diferente. Eran gritos y llantos de niña, de un cuerpo diminuto siendo dividido en fragmentos aún mas diminutos, de la forma mas bestial posible; porque haya sido o no una bestia la que cometiera semejante atrocidad, aquello no podía llamarse humano de ninguna manera. Lo estaba pensando demasiado, o mejor dicho: no estaba pensando. Mi cerebro tan solo estaba dejándose llevar y mi cuerpo empezaba a tornarse sensible a su entorno. Pareció como si recién en ese momento me hubiese dado cuenta de donde estaba parado; el divorcio de mis padres, el viaje a Lago Escondido, el colegio San Bartolomeo, la extraña figura de blanco detrás de casa, el fantasma del lago, la cabaña abandonada en medio de un bosque macabro, el diario viejo, la criatura descuartizada en un espantoso ritual. Todo me cayó encima en un segundo y se sintió tal cual un muro aplastándome; un muro acuoso,frío; una ola sólida de sensaciones indefinidas. Muchas veces me han dicho que puedo percibir cosas que otros no ven. Se que es verdad, y es algo que no le deseo a nadie. Porque de no haber sido así, no podría haber visto aquel torso oscilando tétricamente de una rama, a través del hueco de la ventana, y junto al torso,una cabecita morena de largos cabellos con el rostro marcado por el miedo,apuntándome, con los ojos abiertos en toda su dimensión. Quise decir algo para convencerme de aquella ilusión, exorcizando esa imagen con alguna palabra cualquiera, para borrarla de mi vista, pero no fue necesario. Como si la propia casa hubiese percibido mi turbación mental, la barra de hierro saltó de su sitio y la ventana banderola cayó con todo su peso cerrándose con un estrépito que retumbó sobre la superficie del agua.
           ***************************************************************************





jueves, 11 de agosto de 2016

Una lágrima fría





" Martín no sabía nada de cafés,cafeterías, o como quiera que se llamen. El era de la coca cola tomada del pico y el mate cocido en casa , pero hay cosas de las que no se puede escapar por siempre. Llamale determinismo barato. La semana anterior le habían respondido desde una editorial respecto al material que él les había enviado con una recopilación de sus ilustraciones.

"Estamos interesados" le habían dicho.
Hasta ahí todo genial, pero el editor quería entrevistarse con él en persona, así es que concertó una cita en un café paquete del micro centro. Podríamos suponer por su actividad que Martín prefería el sedentarismo, sin embargo le gustaba salir , pero sus salidas eran solitarias y nunca programadas. Le producía un gran malestar ajustarse a horarios pautados previamente, no poder elegir el lugar de reunión, vestirse exclusivamente para la ocasión y sobre todo, socializar.
Estaba tan nervioso y preocupado por fallar en algo esa mañana de la entrevista,que salió con varias horas de anticipación para asegurar la partida. El lugar se llamaba " Velvet Room Café", eso casi lo hizo retroceder y huir en veloz carrera; se tocó el bolsillo donde tenía la billetera con sus últimos 150 pesos; acto seguido,sacó un pucho y se lo fumó de tres pitadas antes de fumarse otro e ingresar finalmente. Por dentro el lugar era bastante acogedor, menos pomposo de lo que había imaginado en primera instancia; mucha madera, mucho mobiliario estilo rústico; las mesas bien dispuestas junto a unas anchas columnas que aportaban algo de intimidad, y eso gustó a Martín. Tímidamente se acercó a la barra donde una rubiecita pecosa ,muy simpática, lo atendió. El editor era cliente habitual, debido a eso tenía asignada una mesa que ocupaba siempre. La rubiecita llamó a una de las empleadas para que llevara a Martín hasta su lugar.

"Mara, por favor mostrale su mesa al chico."

Mara salió de atrás de la barra y también salió el sol por el oriente. En sus ojos sutilmente almendrados,negros; en el cabello castaño con destellos áureos; en el puente simétrico de la nariz con sus alas inquietas; en su boca carnosa cuyas comisuras acababan en unos graciosos arabescos. Todo en ella era un canto a la perfección ; a la perfección según el criterio de Martín. Por unos segundos se quedó anclado, atornillado al piso, solo mirándola. Cuando ella pasó a su lado, incluso se animó a dejar caer la mirada a lo largo de toda la espalda hasta detenerse en la unión de la estrecha cintura con una cola turgente. Aturdido por la gloriosa visión y el sortilegio provocado por el perfume que Mara había dejado flotando en el aire como un chal de seda, Martín creyó que iba a morir en ese mismo instante. Sin embargo se repuso apartando la vista de aquella sublime criatura y ,apretando las mandíbulas con fuerza, se obligó a caminar detrás de ella.

La muchacha le indicó un espacio muy al fondo, lejos de todo, bajo un enorme cuadro que recreaba una escenario parisino, y con gesto afable le entregó la carta.
Aún algo perturbado por la "visión exuberante de tal prodigio de la naturaleza" ( pensaba para sí mismo Martín) abrió la carta paseando la vista nerviosamente por las fotografías. Cafés, por doquier, muchos, inimaginables; no sabía que existían tantas variedades; macchiatto, crème, americano,brule,vienés, frappé... mucho rococó adornando los bocaditos y masas finas; mucho ornamento, firulete y lo peor de todo: los precios. Martín casi se cae al suelo, pero mantuvo la compostura. No dejó en ningún momento de mirar la carta; sospechaba que si la dejaba sobre la mesa ,inmediatamente acudirían a tomar su pedido,y estaba muy lejos de poder pagar siquiera un vaso de agua con sus lamentables fondos.

Con los ojos asomando apenas sobre el horizonte de la carta, se quedó esperando, haciendo fuerza con la mente para que que el editor apareciese lo más rápido posible y lo salvara de aquella situación tan incomoda. Pero lo que apareció fue solamente la figura diamantina de Mara.


"¿ Te decidiste por algo?"



Oh,mierda! Su voz era un llamador de ángeles que hipnotizó a Martín. Si algo de cierto tenía el mito acerca del canto de las sirenas, él lo estaba experimentando en carne propia; y no había palo mayor al cual atarse para zafar. Le devolvió un tímido "sí" que ella recibió con la mas tierna sonrisa que en el mundo pudiera encontrarse. Vaya que había valido la pena ese monosílabo mentiroso. Al cabo de unos minutos, la ninfa regresó con una "lágrima" y se marchó a atender a un nuevo cliente. Martín la marcó con su GPS mental, la seguía a donde se moviera; la observó acudiendo a otras mesas, llevando una bandeja aquí y otra más allá. Embobado en esa visión placentera , su mente volaba; la dibujaba en su cerebro con la precisión de un cirujano. Eso era lo suyo después de todo. El rostro lunar, la melena recogida en un rodete perfecto, los hombros rectos, la espalda sinuosa, el talle breve, la cadera provocadora, las piernas de mármol torneado. Entonces se dio cuenta Martín de que acababa de registrar en el lienzo de su imaginación, el cuerpo desnudo de aquella beldad. Había espiado debajo de su falda verde musgo y de su camisita blanca; y se sintió extasiado por ello, liberando toda la tensión reciente. Su pecho se inflamó de lascivia; de ese fervor que endurece las partes mas sensibles del hombre y es capaz de convertir en polvo su mas sólida determinación. Era la primera vez que ponía en práctica este ejercicio mental que resultaba tan fascinante. Este nuevo descubrimiento lo tomó por sorpresa; de golpe se olvidó del editor,de la cita , del café cortado con cupcakes. Carajo, se olvidó del mundo entero.


Resistiendo su natural pudor, se arrojó al más impensado de los atrevimientos: subió la apuesta, pasó al siguiente nivel. Cerró los ojos unos segundos para preparar la escenografía, los volvió a abrir y escrutó por enésima ocasión la anatomía de su musa. Entonces se relamió instintivamente antes de entrar en un difícil proceso de recreación virtual.

La cafetería desapareció y en su lugar aparecía ahora, una enorme habitación decorada con espejos, cortinas rojas y una gran cama circular en el centro.
El minibar a un costado con una tenue luz de una lámpara alumbradolo, era un toque que se robó de alguna vieja película. Comenzó a sentir el aire cálido y la música surgiendo de las paredes tapizadas; unas notas de jazz,relajadas,lánguidas. Entonces la puerta lateral se abre con un salto de la traba -como un "clak!" seco- que rompe la serenidad reinante . Primero asoma una pierna interminable envuelta en medias de red ; el muslo desnudo deja verse un rato después, antes de que el torso atrapara toda la atención de Martín. Mara atraviesa la estancia cimbreante, marcando el final de cada contoneo, justo ahí en el ápice del vaivén que dibuja su maravillosa cadera. Los brazos a los lados son como plumas flotando mientras acarician su cuerpo sensualmente; y los ojos, esas vainas que contienen dos lunas verdes, juegan a las escondidas detrás de cada parpadeo intencional. Martín no puede decidir a dónde dirigir la mirada; si al cuello pálido -que a prepósito ella deja al descubierto echando su cabellera hacia atrás- ; si al valle formado entre sus blancos senos, donde un lunar solitario se agita de arriba hacia abajo; si al ombligo náufrago en el mar de su piel,que parece atraerlo como la luz a un insecto; si a la carne de su muslo,que se ofrece en bandeja de lycra, pidiendo ser devorada salvajemente a dentelladas.
Ella se inclina sobre la cama circular con displicencia, dejando caer todo el peso del cuerpo sobre su costado y lo mira; lo observa con sus dos lunas menguantes intermitentes. La turbación de esos ojos lo incomodan y logran que cierre los suyos propios para evadirlos aunque sea unos segundos. Si hay algo que Martín no sabe hacer en este mundo es ver a las personas directamente a los ojos. Lo hace sentir desnudo, desvalido por completo. La muralla de imposturas y ademanes cordiales que le sirven de parapeto para moverse en sociedad, se derrumba ante el primer contacto visual sostenido. Deja de actuar y desde el pozo de su ser emerge el verdadero Martín, el que tartamudea cuando no encuentra la palabra justa; al que le sudan las manos cuando tiene prisa por irse; el que se toca el lóbulo de la oreja cuando se siente fuera de lugar. Ese Martín que no quiere mostrar al mundo. Ese mismo quiere ahora mantener confinado, por eso ha cerrado los ojos este breve instante mientras Mara lo taladra desde el lecho.
Cuando de nuevo los abre, ella está de pie, acomodando una de sus ligas. De pronto cesa con la tarea y da un paso en su dirección, luego otro y otro más, acortando con rapidez la distancia entre ambos. Martín se espanta, notando que ha perdido el control de aquella fantasmagoría. El libreto está escribiendose solo. Ese personaje -brotado del mundo de su imaginación-que tiene el aspecto de la hermosa Mara, ha cobrado vida propia ;se mueve sin su intervención. Al principio él se sentía como el ojo de la cámara, un mero observador deleitándose con voyeurista placer; pero ahora nota , alarmado, que se encuentra sentado en un lado de la habitación como un personaje más. Y ella viene a su encuentro, sin permiso, autónoma y altivamente. Los metros se reducen palmo a palmo. ¡Algo que la detenga!
Es demasiado para el pobre. Las manos que sudan, los pies repiqueteando sobre el suelo, la garganta seca. Tanto realismo en movimiento, que solo puede provocar estupor y nada más. Una vez más cierra los ojos en un esfuerzo supremo por borrar la fantasía que su mente construyó. Los abre y una exclamación se le atora en medio de la laringe. Inclinada levemente frente a él, Mara sonríe. Sus arabescos se acentúan hasta producir el éxtasis; las alas de su nariz se ensanchan una vez ,dos. A esa altura, Martín ya está precipitándose al centro de la Tierra. Entonces, ella , enarcando una ceja, desciende lentamente una mano hasta donde el campo visual de Martín no llega, pero él imagina. Comienza a sentir la entrepierna tibia, rígida y no hay vuelta atrás. Sospecha la delicada mano femenina aleteando sobre su virilidad y contiene un furor lujurioso que pugna por liberarse. No puede confirmar esta sospecha;está atrapado en el óvalo del rostro perfecto. La mirada de Mara desciende, hasta encontrar su objetivo y entonces, la voz traviesa resuena en la calavera de Martín:

"¿Te la caliento?"


Durante un segundo,que pareció durar siglos, el silencio lo aturdió, pero como si un parlamento escrito por el mismo demonio se le hubiera grabado en lo mas hondo de su alma, no pudo reprimir las palabras que de su boca saltaron claramente:


"Claro que me la calentás,mi amor"



Apenas las últimas silabas se diluyeron en el aire, la imagen detrás de Mara se blureó. La habitación empezó a sufrir una transformación vertiginosa, desarmandose en mosaicos diminutos, como pixeles de un juego de Sega Saturn. Las cortinas,la cama, el minibar, se desmoronaron como la ilusión que eran y reaparecieron las columnas y mesas de madera rústica. Todo el escenario mutó a su forma original. Todo lo falso volvió a su universo imaginario, salvo por un único elemento: Ella.

La Mara imaginaria seguía ahi,en el mismo lugar,frente a él, levemente inclinada. Solo que ahora tenía dos lunas llenas, aturdidas por la sorpresa; y la boca; la boca abierta por el asombro; la quijada había bajado hasta su límite como el puente levadizo de un viejo castillo. Y Martín comprendió,que así debía sentirse la muerte en vida.

Como una centella, su cuerpo se envaró, la mano bajó hasta el bolsillo, los billetes arrugados salieron disparados hasta la mesa y abandonó el lugar antes de que la moza pudiera siquiera parpadear o volver a juntar sus mandíbulas.


El editor llegó minutos después pero ya era tarde.


Martín no volvió nunca mas a la cafetería; es más, evitó rondar por la zona, al menos en cinco cuadras a la redonda. Nunca supo lo que sucedió en ese momento, esa mañana. No se quedó a escuchar como la rubiecita reía a carcajadas mientras Mara le contaba el incidente.

Martín nunca se enteró que,mientras él fantaseaba con las imágenes en su cabeza, sentado en la mesa del fondo, había dejado que el café se enfriara y Mara, muy atenta,se había percatado de este hecho. Por eso se acercó ese día hasta su mesa y bajando la mano hacia el platito con la taza, y haciendo un gesto con la mirada, le había preguntado amablemente si quería que se la calentara en el microondas.

Nunca supo que tan bien sabía esa "lágrima".








sábado, 6 de agosto de 2016

Lista de reproducción






Hoy, mientras iba caminando por una calle desierta con los auriculares puestos -en momentos en que comenzaba a sonar "Telephone Line" de la Electric Light Orchestra- me vinieron a la memoria esos tiempos junto al tocadiscos de mi viejo. Me puse entonces, a pensar en la comodidad de la nueva generación, a la que le resulta tan fácil ordenar su música favorita; en el celular mediante carpetas o listas personalizadas de reproducción; en youtube, donde podés separar tus canciones preferidas según el criterio que más te convenga. Yo empecé a darle bola a eso de las listas de reproducción en youtube después de comerme muchos garrones confiando en la reproducción aleatoria de la página; a veces comenzaba escuchando un tema de Chico Buarque y a la media hora estaba sonando "Que se vengan los chicos" ; sin que yo entendiera qué había pasado en el medio.

Cuando escuchaba música de los enormes discos de vinilo, me topaba siempre con el mismo problema; y era que los temas que más me gustaban a mí, no solían figurar en el mismo lado. Por ejemplo: en el álbum "Secret Messages" de ELO, mis canciones preferidas eran "Bluebird" y "Stranger", el primero era el tercer tema del lado A, mientras que el otro estaba en el lado B. Para escucharlos consecutivamente tenía que tomarme la molestia de frenar la púa, voltear el disco y buscar la pista correspondiente, cuidando de no dañar la pulida superficie. Con el disco "Beatles For Sale" tuve mejor suerte, ya que "No Reply" y "I'm a Loser" estaban ambos en el lado A - uno detrás del otro-, pero el combo iba a ser perfecto si "Eight days a week" no hubiera sido la primer canción del lado B.


Hoy en día nada cuesta armarse -como decía antes- una lista de reproducción en youtube, que es algo así como el Superman de las páginas con contenido audiovisual. Elegís un video que te guste, le das a un botoncito con el símbolo "+" - que está ubicado abajo a la izquierda del video- y ya te creas una lista, a la que obviamente le ponés un título alusivo a su contenido, por ejemplo: Emo music, Soft music, Depresive Rock, Alternative rock.,etc. Ojo, es importante ponerle títulos en inglés porque le dan un aire de mayor sobriedad e importancia; si le ponés nombres en español,tipo "Mejores canciones", seguro sos un jubilado que escucha a Camilo Sesto ,Isabel Pantoja o Django. Si en cambio, los nombres de tus listas de reproducción tienen mas simbolitos que palabras coherentes, lo mas probable es que seas un pibe o una piba que escucha electro-dance-psico-pop-corano o sos fan de los youtubers de moda. Por regla general,la gente razonable tiene más de una lista de reproducción con el fin de elegir la que más se acomode a determinada situación emocional, horario o compañía; excepto mis vecinos de al lado que - a juzgar por lo que oigo todos los días desde mi ventana- casi seguro tienen una sola lista con el título " Canciones misóginas para mover el orto".


Extraño un poco esa liturgia de cambiar de discos y escuchar el crepitar que precedía al comienzo de cada canción, pero reconozco que las nuevas tecnologías me han ayudado mucho. Ahora puedo salir a dar mis largos paseos con el celular cargado a tope con música de lo más variada, pero sin que se interponga ninguna melodía no deseada. Y todo gracias a las benditas listas de reproducción personalizadas.


Yo no tengo la suerte que otro tienen, de creer ciegamente en un plano dimensional que se prolonga más allá de este; una vida ulterior, un Paraíso celestial. Pero haciendo un esfuerzo mental, me agrada imaginar un Cielo hecho a mi medida; sería una especie de Youtube cósmico, donde podría ordenar "a piacere" escenas de mi vida en una única lista de reproducción. Multitud de recuerdos bajo una misma etiqueta . Allí pondría los recuerdos felices para cuando quisiera sentirme bien; los recuerdos divertidos para matarme de risa; pero también los recuerdos tristes y los embarazosos, porque muchas veces necesito llorar como un nene de 5 años o ponerme colorado de vergüenza. No quiero perder esa humana conciencia de mí mismo.


Mis aspiraciones no son las mismas que las de los demás. Yo no espero un Paraíso rodeado de las personas a las que amo, porque sé que muchas de las personas a las que amé, a su vez aman a otras personas, y me resultaría sumamente egoísta e inviable, condenarlas a un confinamiento a mi lado para toda la eternidad. Me conformo con esa mágica lista a la que pueda darle PLAY cuando quisiera.



Por todo eso , cada día, me empeño torpemente en buscar pequeñas formas,sutiles estrategias, para editar circunstancias dignas de ser recordadas después de mi muerte. Es mi manera de ir agregando instantes a esta impredecible lista de reproducción que lleva un, tan conciso y atinado título: "Mi absurda vida"










viernes, 5 de agosto de 2016

Plata de chipero


" En mi barrio, en tiempos de mi infancia, cuando hacíamos la ronda para reunir el dinero con la finalidad de comprar el refrigero después de un partidito de fútbol, yo era el que siempre aportaba la menor cantidad de efectivo, ya que mis hermanos mayores absorbían la mayor parte de los ingresos de mis modestos padres. Cada vez que me tocaba depositar la guita en el fondo de la gorra con visera repleta de billetes de 50 y 100 Australes, dejaba caer con aire compungido, unas moneditas de ñandú y puma.
Al toque, como un ritual infaltable, se escuchaba la voz chillona del gordo Rogelio:
¡Acá no aceptamos plata de chipero"- una frase despectiva que se perpetuó por años en nuestras juntadas.
Cierta noche hace dos semanas, me topé con una solicitud de amistad en facebook y con gran sorpresa para mí, veo en la foto de perfil al gordo Rogelio (ahora Rogelio Ignacio Lopez ). Me pongo a pispear entre sus albums de fotos -cosa de nunca- y noto con cierta insana envidia que le estaba yendo muy bien en la vida. Ahí estaba la foto de su casa con jardín, tejado azul y balconcito con puertas corredizas de tres hojas. En otra foto está él con su mujer y su hija, ambas muy lindas, la verdad. A esta altura ya estaba apurándome una medida de tequila que mágicamente había aparecido entre mis dedos. Mas fotos del gordo Rogelio (perdón, Rogelio Ignacio Lopez); en una playa de Copacabana tomando piña colada; en una pasarela de las Cataratas del Iguazú en humillante selfie; otra foto en una cabaña desde donde se ve la nieve a través de una ventana enorme. Cuando mi indignación -fruto de una malsana alteración y una terapia interrumpida- alcanzaba su punto mas alto, veo parpadear -en azul chillón- la ventana de chat. ¡El gordo Rogelio me estaba escribiendo!
Aspirando hondo, tragando el resto de tequila en el vaso, junto coraje y respondo a su saludo.
La charla fue de lo más cortés, rememorando con fingida alegría, pasajes de nuestra infancia en Villa Urquiza; recuerdos que se me antojaban insufribles. Después de unos veinte minutos de palabras que iban y venían sin piedad, me comenta que estaba en contacto con el resto del viejo grupo de amigos y que justamente planeaban hacer un asado para el próximo Día del Amigo. Intenté huir en cualquier dirección, pero pesaron más las ganas de conseguir que dejara de romperme las bolas, así es que acepté la invitación.
Yo estoy sin trabajo, pero tengo unos fondos guardados -que pensaba retener bajo el colchón hasta el día de la reunión.
Finalmente cuando el gordo Rogelio me dejó un caluroso:
"Nos vemos,che.Un abrazo.".
Saco las uñas afiladas y le arrojo un fulminante:
"Dale, pero no vengas con plata de chipero.Jaja."
En la ventana del chat quedan unos puntos suspensivos titilando varios segundos, hasta que la respuesta del gordo llega implacable:
"XD. Imposible,che. No te conté nada,pero yo laburo de chipero".
La vida nunca me mostró su mejor cara, pero siempre se las arregla para dejarme sin palabras. Cerré la conversación con un patético emoticon de Bob Esponja.
Esa noche me fui a dormir humillado y avergonzado. Los tiempos cambiaron mucho, pero yo sigo igual.; ahora voy a tener que apretarme el cinturón por una semana más para no quedar tan mal el día del asado.
Desde alguna dimensión lejana seguramente el ñandu y el puma se estarán riendo de mí."